lundi 20 février 2012

CORRESPONDENCIA Y POESÍA DEL SEÑOR DE RAOUSSET-BOULBON



PRIMERA PARTE: CORRESPONDENCIA


La firma que está debajo del retrato que se encuentra a la cabeza de esta obra es la de la carta que el señor De Raousset escribió al autor de este libro la víspera de su fusilamiento, mientras estaba en capilla ardiente. El original de esta carta nos fue enviada a San Francisco por el capitán Pannetrat, favor de lo más precioso porque de todas las otras cartas escritas por el conde durante sus últimos días, el señor Calvo juzgó solo enviar copias cetificadas y conservar las originales en sus manos.

Entre más avanzo hacia el término de mi tarea, más me alegro de haberla comenzado. En effet, à mesure que j'écris les dernières pages de cette curieuse biographie, me llegan documentos de diversa naturaleza que aumentan su entendimiento e interés. Es a estas numerosas amistades que acompañan piadosamente su memoria que el señor De Raousset debe este contingente inesperado. Este crecimiento de riquezas es tanto más precioso ya que estas adiciones sucesivas son todas piezas inéditas debidas a la pluma de nuestro amigo desafortunado; hay que decir que son brillantes, notables páginas de ideas sublimes a veces, justas siempre, ingenuas y simples también, que están llenas de un estilo fácil y vigoroso. Hay sin embargo descuidos muy perdonables al currente calamo de un amigo de colegio que le escribe a su amigo, sin dudar que vendría un día en que sus amigos que le sobrevivieron recogerían cuidadosamente todos estos fragmentos esparcidos.

Dejamos pasar algunos de estos descuidos; ellos enriquecen el retrato dándole sombras, y son una prueba más del carácter de intimidad sincera bajo cuya inspiración estas cartas han sido escritas. Si todos los pedazos de poesía no son de una fuerza transcendental, hay que adjudicarlo, sin sorpresa, a la pluma del que era un joven alumno de retórica; pero también las hay, escritas más tarde, mientras que el adolescente se hacía hombre, que tienen un sello de grandeza, que andarían orgullosamente al lado de lo que muchos poetas pudieron producir; ciertos pasos son de un lirismo insuperable. El público mismo tiene que solo leer y juzgar. Suprimimos en esta correspondencia solo los pasos demasiado personales o los que nos parecían poco interesantes para el lector. También suprimimos varios cuya publicación habrían legitimizado, justificado y servir a provocar resentimientos; pero a propósito de lo que pasó en Europa como en América, quisimos obedecer a un sentimiento de condescendencia más que a cualquier otro.

Es al señor Victor Smith, juez del tribunal de Saint-Étienne y depositario de esta correspondencia, a quien debemos esta preciosa comunicación.


I

(de 1836 a 1844)



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Señor Gonon, hijo, calle de Lyon (Saint-Ètienne).

Friburgo, 24 de octubre de 1835.
«Mani, que llegó esta mañana, me envió la carta que tuviste la bondad de escribirme. Para decirte qué placer me causó habría que decirte cuánta es mi amistad por ti, lo que está por encima de las fuerzas de la débil naturaleza humana. No tomes esto como un cumplido común, me daría pena.
«Respondo en detalle a tu carta. Primero, me acusas de no haberte escrito todavía. Si el señor Gonon no tuviera una cabeza de chorlito, se acordaría de que habíamos convenido que él escribiría primero. Yo, que no tengo mala memoria, esperaba desde un mes mortal que él nos diera sus queridas noticias, y, si no hubiera conocido el buen corazón de señor Gonon, casi habría podido creer que había olvidado a su buen amigo.
«He aquí pues una inculpación grave de la que soy completamente inocente. Si no te quisiera tanto y que por esta misma razón no hubiera temido molestarte, te habría hecho un gran discurso con exordio y conclusión para probarte mi inocencia. Sin embargo te disculpo esta vez y perdono tu injusticia; pero que vuelva a suceder. Ahora, la lección es bastante larga, así como mi jeremiada; paso a otra cosa.

«El señor Lodoyx de Mauvesin no se fue. Su señor padre, irritado un poco por la ligera mediocridad de su boleta de calificaciones, le demostró el deseo de verlo pasar un año más entre nosotros. Por mi parte, doy gracias de este feliz descontento de su padre, ya que conservo a un amigo. Lodoyx se irá el próximo año, y, como debo ir de vacaciones, es posible que nos vayamos juntos, por lo menos hasta Lyon, y de allí no estamos lejos de Saint-Etienne, ¡y entonces!...

«Me preguntas cómo nos divertimos, qué es lo que hacemos. Ah, querido amigo, no has pasado suficiente tiempo en un internado para poder responderte tú mismo? Creo que no has perdido la memoria todavía. Sería demasiado temprano.

“Todos los días nos llegan viejos y nuevos; pero de aquellos de quienes me hablas, Saint-Ferréol no volvió; esperamos a Dancey; Sarcey... el inmortal Sarcey, el asombroso Sarcey, este muchacho dibujante, pintor, literato y todo un gran cazador, este músico famoso, Sarcey el famoso, el célebre Sarcey... Sarcey nos llegó ayer como un trueno, inesperado. Me ha encargado de decirte mil cosas amables.

«Me has pedido también que te hable de Gaston; lo estoy guardando para el final[...]

«Voy a ocuparme seriamente de mi retórica que, creo, me interesará mucho. Vuelto de mis errores de juventud, voy a trabajar mucho y a encerrarme con el griego y el latín. Quiero adquirir instrucción y mucha; esto lo que hace a un hombre hoy. ¡Oh! ¡Cómo querría volver a empezar tantos años que desperdicié con mi pereza! Los pesares vienen muy tarde; pero sin embargo todavía puedo reparar mal que bien mi descuido culpable trabajando bien mi retórica. Emplearé mis momentos libres al estudio de la historia y que a traducir un poco de inglés. Ya transcribí unos pedazos de La Alhambra empezaré con lord Byron un poco más tarde.

«Para ti, que puedes divertirte todo el día, te incito a emplear bien tu tiempo. Espero que no necesites mi recomendación. Si tienes ganas de viajar al sur, reserva esto para las vacaciones, y si no desprecias venir a probar nuestro clima y nuestro cielo azul de Provenza, puedo servirte de Cicerón, y visitaremos juntos las bellezas de un país que, te aseguro, trae bastantes memorias interesantes para merecer tu atención.

“Si hubieras pensado en lo que te pedí cuando te fuiste, me habrías enviado con Mani un pequeño cuaderno bonito y bien atado, en el cual habría trabajado este año que te habría dejado en memoria cuando te viera en Saint-Etienne, a finales de este año, cuando salimos de vacaciones; pero eres un muchacho al cual los buenos pensamientos vienen siempre demasiado tarde.
«Pensaré este año en hacerte unos dibujos bonitos que te iré enviando. Adiós; ¡ves que no soy perezoso para escribirles a mis amigos, es verdad que entre amigos hay muchas cosas que decirse! Pero soy un hablador. Besos de todo, todo mi corazón. Para siempre,

«Gaston.»

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«Ahora, no olvides lo que te voy a decir. Esta carta, como bien lo piensas, no pasa por la vía ordinaria. Así que, cuando me escribas, procura no hablar de esto. Escríbeme como si fuera la primera vez, como si no me hubieras escrito nada, pues tu carta no la han visto los padres. Yo también te voy a responder como si fuera la primera vez. Escríbeme pronto si puedes, y por la vía ordinaria, pues la otra es peligrosa para mí, muy peligrosa. Sin embargo, no dudes, cuando se presente la ocasión, de pasarme una carta de contrabando. Me gustan más así, porque podemos hablar a corazón abierto.

«Gaston de Raousset-Boulbon. »

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Al mismo.
«Friburgo, 13 de diciembre de 1835.»

Voy a comenzar, querido amigo, por regañarte, y muy seriamente: primero, debiste escribirme antes; segundo, tu escritura no es siempre muy descifrable; tercero, tienes una manera de expresarte tan oscura, que a menudo ocupo en comprenderte tanto tiempo y dificultad como la que dedico lo a comprender una balada de las Orientales de Victor Hugo. Este tono es severo, pero un amigo debe hablar francamente, y, por otra parte, sabes bien que si te enfadaras, tu cólera me alegrará. A propósito de cólera, voy a hacerte reír.
«¿Recuerdas que en un viaje te enojaste con Jean le Bouc, quien vino una tarde a reírse a carcajadas en la puerta de tu habitación? No recuerdo dónde estábamos. Creo que fue en New-Quirchen. Además, no importa. Entonces, pues, Jean le Bouc se reía diciéndote buenas tardes, y su ojo escrutador te asombró seguramente. Debes recordar que el día siguiente, mientras nos contabas esto, te recibimos con largas carcajadas que debieron desconcertarte. 
«Recordaste tal vez esta aventura por la tarde, mientras te calentabas cerca de un buen fuego y el viento aullaba contra los cristales, blancos de escarcha y de hielo. Buscabas el sentido del enigma, y, después de largos cálculos y numerosas conjeturas, tu risa se agregó al silbido ahogado del beso de noviembre que se metía húmedo en la chimenea y, te reenvió a la cara una bocanada espesa de humo que te sofocó en seguida y convirtió tu risa en una tos maligna y brusca.
«Ahora pues, he aquí la aventura que te interesa tanto. Me imagino cerca de tu fuego, frente a ti, sentado en una amplia poltrona, con las pinzas en la mano, atizonando, según mi costumbre, los carbones apagados de donde se eleva y recae por intervalos una llama inestable y macilenta que proyecta sobre las paredes una luz sombría y temblorosa como los sueños de Ossian sobre las cimas de Morven, una gran forma blanquecina como los niños de su lira melancólica, Évelina y Malvina. Tendida la oreja hacia mí, tu amigo, me escuchas con la atención de nuestros viejos antepasados, los galos, sentados alrededor de su bardo armonioso, y te digo: "Sucedió pues durante el viaje, sentados alrededor de una mesa el 14 de diciembre. 
«El final de las clases me interrumpió ayer, muy a mi pesar, en medio de mi historia tan poco romántica; voy a tratar de elevar la lira de mi prosa sentimental al mismo tono y continuar. 
«Sentados alrededor de una mesa, De Mauvesin, D'Astros y yo esbozábamos al lápiz, silenciosos, nuestras notas, memorias, impresiones y pensamientos en nuestros cuadernos. De pronto, en medio de estas palabras vagas y sin consecuencia, estas palabras de pensamiento y de memoria que venían y despegaban más ligeramente que el ala de la golondrina que se juega y zigzaguea sobre una onda pura; en medio, digo, todas estas palabras de memoria, uno de nosotros dejó salir, como pasando, una palabra sobre tu inclinación al temor, no digo al miedo... Y nosotros también soltamos nuestras palabras; de modo que finalmente la conversación trató sobre ti, y finalmente se inauguró el proyecto de hacerte una broma. 
«Sé que sabes lo que es una broma. Una broma de cara redonda y risueña, con mirada turbia, pequeña, esquiva y maligna; la broma, como un Esopo deforme y jorobado, un ser que toma todos los disfraces, todas las formas, más o menos como un gorro de lana cabe en cualquier cabeza. Esta broma era un maniquí, sí, un maniquí que pondríamos bajo tu cama; lo hicimos; D'Astros y Mauvesin lo llevaron, y luego Boysseul vino y te dijo buenas tardes... ¡Ah, ah! y según tu laudable costumbre, miraste tal vez bajo tu cama; pero eres corto de vista y no lo viste. Y el día siguiente, una pelea con Boysseul y nos burlamos de ti... ¡Pobre Gonon! ¡no te diviertes tú... ¡hete aquí lanzado en el mundo, no viajarás en banda, pobre, pobre Gonon!
«He aquí una historia larga; no te molestará, porque todo molesta, creo, en el mundo, excepto las memorias.... ¡Y, bueno, es un recuerdo, una memoria del tiempo pasado, del tiempo pasado que no volverá más!... ¡Medita! Por otra parte, me divierte de contarla; esta tarde, tengo el ánimo desazonado, estoy triste, melancólico; compadéceme. 
«Me preguntas si hablo inglés. ¿Inglés, yo? no más de lo que tú hablas latín o griego; hago mi retórica. ¡Viva mi profesor, el reverendo padre Bouix! Recuerda este nombre, porque yo nunca lo olvidaré; el padre Bouix es uno de los mejores jesuitas que hayan portado el birrete; un hombre que apareció en la agria senda de mis estudios para sembrar de rosas las puntas del peñasco que me desgarraban el pie. ¿Inglés? ¡Ah bien, sí! ¡Inglés! ¿Acaso voy hacia allá?...

«Vas a comenzar con Historia, y no tienes tiempo, dices. Yo podría responderte con uno de nuestro espirituales autores: 
¡Oh! cuánto hay que hacer¡Cuándo no lo hay! 
«Deja las tonterías y toma Historia. Es un buen estudio. En el momento en el que te escribo un libro de Historia Antigua está sobre mi pupitre. La hoja sobre la cual te escribo está apretada contra mi cuaderno de notas de Historia Universal.

«Me iré de vacaciones este año. ¡Si es que puedo! pasaré a Saint-Etienne. Me harás bajar a una mina. Me confesaré antes de intentar esta aventura, y puede que ya no salga de allí nunca; estoy cansado de la vida.
«¿Hiciste ya tu relación de viaje? ¿No? Yo tampoco. ¿Te molesta eso? ¿Sí? A mí también. Tienes tiempo, yo no lo tengo; tomo lecciones de Discurso Francés, Retórica y a veces de Poesía.

«Valentin, el anticuario Valentin, que es un buen chico, te recuerda. Crees bien si piensas que todos a quienes les hablaste te recuerdan igualmente.

«No sé si alguien te escribió una noticia triste: De Habiers murió.
Porque todo pasa en este mundo. Esas ramas arrancadas,
¡mira cómo sueltan sus hojas desecadas,
Ante el soplo del invierno!...
«Adiós, mi reloj me advierte que el fin de la hora de estudio se acerca. El reloj acaba de enviarme con sus vibraciones lejanas las siete horas y cuarto. Fugit irreparabile tempus. Respóndeme rápido.
«GASTON.»

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Al mismo.

«Friburgo, 6 de enero de 1836.

«Hace pocos días, mi querido amigo, debes haber recibido de mí una carta donde Lodoyx ha incluido algo de él. Así, sin retraso, me perdonarás escribirte una humilde carta.

«Creo que Pittenon debe pasar aquí en poco tiempo para después ir a Saint-Etienne. Le daré unas cuantas cosas para ti. Me pides versos; me serviré tal vez de esta ocasión; pero no es probable. He aquí por qué. Tenía la intención, lo sabes, de irme de vacaciones pasando por Grenoble, la Cartuja y la alta Provenza hasta Hyères, de donde habría subido a Aviñón por Marsella.
«Pero es posible que yo abandone este proyecto a causa de ti. Digo a causa de ti, porque me gusta más ver a buenos amigos que bellos paisajes. Tu me comprendes. Iré por la vía ordinaria; solamente les pediré a mis padres el permiso de hacer una desviación hacia Saint-Etienne, y de pasar allá un día con mi querido Jean-Baptiste (¡Qué nombre tan feo! hará falta que te bautice de otro modo.)
«El día en que llegue podremos visitar las bellezas de Saint-Etienne; al día siguiente haremos lo que tú quieras, una pequeña e interesante cacería, por ejemplo; y sobre todo quiero descender a la mina. La mañana siguiente me voy de nuevo para Lyon, a donde me acompañarás, espero; de allí bajaré con el Ródano, bajo el cielo encantado, a mi encantadora Provenza. ¿Te conviene este plan? 
«Preparamos las piezas del carnaval: tenemos una ópera, una comedia ligera y una pieza alemana. Hicimos la ópera muy bella. ¡Pero una ópera en un internado es algo tan tonto! Hicimos la comedia ligera interesante: me gustaría que estuviera entes de un bello drama. A otros les gustaría que estuviera después, como para descansar del drama en sus cuadros jocosos. Yo soy de otro modo; me gustan más las grandes emociones. Me gusta más las cumbres blancas y demacradas de los Alpes que los risueños vallejos de nuestra bella Provenza.

«Prefiero la voz de la avalancha al canto de la curruca; me gusta más fruncir el ceño que sonreír; es mi gusto. ¡Oh! si te contara por qué soy tan sombrío, cual es el principio de este aire triste y severo que me gobierna algunas veces; si te dijera cuál chispa enciende de vez en cuando en mis ojos húmedos el fuego sombrío que me devora; ¡si te dijera por qué tengo esta mirada feroz no me creerías!...
«Qué cáliz amargo he tenido que apurar... ¡Oh, cielos! ¡Si creyera en mis presentimientos, qué futuro sombrío me espera!... ¡Oh! cuando pienso en eso, si no tuviera la fe para decir... ¡Condenado!... ¡El infierno!... ¡Cien veces me habría suicidado!... Soy un poco raro... me gustaría encontrarme con grandes infortunios, pero de esos infortunios extraordinarios, ¡infortunios de persecución, de sangre y de muerte!...

«Sí, por mi honor, me gustarían estos infortunios, estas desgracias, proveído, no obstante que la gloria fuera su precio.... Me gustaría ver fracasar los esfuerzos del mundo contra la energía de mi alma. Leía otro día un pedazo del señor O. Mahony, titulado "Un hombre contra el mundo." ¡Qué palabras tan bellas! ¡un hombre contra el mundo!... 
«Es Fréron contra Voltaire y toda la filosofía. La virtud contra el vicio y el crimen; la energía contra la infamia, ¡qué belleza!, ¡qué destino sublime! Me da envidia... ¿Ves?, yo quiero esto; ¡yo contra todos! Es necesario... Me decían el otro día: ¡Serás un gran hombre virtuoso o un gran criminal!... Rechazo lo último, acepto con ardor el augurio primero. ¡UN HOMBRE CONTRA EL MUNDO!

«La campana vino a interrumpirme: nos fuimos de paseo; el aire vivo de los campos suizos disiparon lo sombrío de mis pensamientos; estoy en el estudio y continúo mi carta. Te hablaba pues de la comedia ligera; te dije lo que pensaba de ella. En tercer lugar, la pieza alemana, que no logra interesarme, ya que no sé una palabra de alemán.
«He aquí, pues, tres piezas, de las que ninguna me disgusta. Esto es triste, verdaderamente. Si el padre prefecto lee esta carta, va a encontrarme muy rebelde, muy malo de espíritu; pero, a fe mía, hablo francamente y como pienso. 
«Tenemos una sesión académica el domingo, es decir, pasado mañana. Tendré allí un rol muy importante, pero estoy harto de muchas cosas; ¡y, bueno, esa es otra razón más!... y luego, al final, qué sé yo!... ¡Oh! si supieras lo que pasa en mi corazón.... ¡Pero, bah! dejemos eso...

“Dejé correr mi pluma y mis pensamientos, ahora voy a detenerlos; los segundos porque son muy peligrosos; la primera porque ya no tendrías ganas de leerme. Sobre este punto, soy más juicioso que tú; tú no escribes, garrapateas. Imítame, pues; escribe bien por energía. Hay tal vez un mérito en ello; Sería mejor si, como mi vecino, el Alsaciano, hubiera nacido con una sangre espesa y linfática, a la que nada puede emocionar. Pero no; ¡tenía que haber nacido con una sangre de fuego! Basta con una impresión ligera para que mi corazón salte con más facilidad que la con la cual la tempestad enblanquece el Océano...

«He aquí una carta muy larga; te dije mucho más de lo que era mi primera intención; pero, que quieres,  digo como la señora de Sévigné: cuando te escribo, mis pensamientos, mi pluma, mi tinta, todo vuela... Adiós; creo que el padre Audibert tiene ganas de decirte un par de palabras: le cedo a disgusto lo bajo de esta página.

«GASTON DE RAOUSSET.»


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¿Es necesario llamar la atención del lector al carácter extrañamente profético y bello de esta carta?... ¡Qué inmensa aspiración de esta gran alma hacia lo sublime!... ¡Qué secreto presentimiento de luchas ingratas, de reveses siniestros a sufrir en la búsqueda ardiente de este fin glorioso que ya soñaba su joven imaginación!
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Al mismo.

«Friburgo, 11 de febrero de 1836.

«Tengo en verdad gran curiosidad de saber las razones que te impiden responderme un poco más rápido.

¿«Dime, pues, mi querido amigo, qué son las ocupaciones graves que toman todo tu tiempo, que hasta no encuentras una pequeña media hora para el mejor de tus amigos? A conciencia, vanamente procuro explicarme lo que hace con su día un ocioso; ¿acaso el buen corazón de mi querido Gonon comienza a hacerse egoísta? Es una sospecha que le injuria y que me apresuro a rechazar. Sin embargo, si quieres probarme tu amistad, espero que pongas en uso la única prueba que admitiré: que, de ahora en adelante, tus cartas se sucederán con más rapidez.

«¡Escribir, siempre escribir! Esto te molesta tal vez... Estoy harto de eso. A mí me divierte escribirte y recibir tus cartas. Además, si te molesta, te propongo una recompensa. Escucha: mis poemas te gustan; me pediste unas piezas... Entonces, si me escribes más a menudo, yo, por mi parte, aumentaré la colección que te he prometido. ¿Contento?

¿«A propósito, ya hiciste tu relación de viaje? ¿Dónde te has quedado? ¿Qué cuentas de interés? ¿En nuestra conversación cerca de Stanz-Stad? Acuérdate. Yo todavía no la he comenzado; no sé si debo empezar; mis clases de Retórica me absorben totalmente, y, si esto puede agradarte un poco, ya que me agradó a mí, te informo que el sufragio de nuestros jóvenes académicos me nombró presidente de la academia de Retórica.
¡«Como te asombraría si me vieras aquí durante un tiempo con mi nueva manera de vivir! ¡Mi pobre Gonon, que asombrado estarías! Verías a este Gaston, tan loco antaño, tan vivo, tan ligero. Sí... ¡por desgracia!... lo verías ahora grave, serio, pensativo, trabajando con un celo admirable y proponiéndose a, seriamente, redoblar su retórica...

«Y luego, francamente, si fuera un poco más lo mío, pediría entrar en la congregación religiosa. Pero me conoces bastante para comprender que esto no conviene de ninguna manera a mi carácter.... Esperemos sin embargo que la vocación pueda llegarme; lo deseo de todo corazón. ¡Es que, ves, comienzo a reflexionar seriamente sobre mi futuro, y el futuro... ¡el futuro no está en este mundo!

«La campana suena para el paseo, voy a tener que dejarte. ¡Adiós, adiós!
«GASTON DE RAOUSSET,
«Tu bien amigo. Respóndeme bien rápido.»

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Al mismo.

«Friburgo, 14 de febrero de 1836, domingo.

«Me molesta escribirte por la vía ordinaria; no puedo decirte nada. La aduana se ocuparía de quitar o de prohibir lo que te podría enviar de interés. Así que me declaro a favor del contrabando; y, para no volver allá demasiado a menudo, voy a hacer un volumen. Temo mucho que lo pequeño de esta escritura canse la debilidad de tus ojos, y, más todavía, la de tu paciencia. Pero, mi querido amigo, créeme que la mía (mi paciencia) querría una escritura un poco más rápida. Y si empleo ésta, es con el fin de poder decirte más. Para escribir así, no es paciencia lo que me falta, es energía. Haz lo tuyo de tu parte.

«Crees que Mauvesin te olvidó, y dices que te acostumbrarás a eso... Este tono de ligereza, cuando se trata de perder a un amigo, me dio mucha pena. ¡Si todo debiera acabar entre nosotros, terminarías por acostumbrarte... fácilmente... Gonon, esta manera de actuar de tu parte me apena, repito. Perjudicas tu buen corazón, por lo menos, siempre creí que este era bueno. Yo, cuando amo, es con constancia... con una constancia inquebrantable. Acuérdate de esto: si alguna vez un destino celoso debiera poner una barrera entre nosotros, nunca sería yo quien comenzaría a forjarla; si tuviera culpas, reclamaría tu perdón; si las tuvieras hacia mí, siempre estaría dispuesto a perdonarte. Es una lección un poco severa la que te doy aquí, pero es una lección de amigo, y la mereces. Cuando amo es con constancia. Vas a tomarme por un moralista muy fastidioso; el fin de mi carta probará lo contrario.

«Volvamos a Mauvesin. ¿Que él te ha olvidado? ¡En absoluto!.. Él te escribió tres o cuatro veces y no recibió respuesta; tiene razón en quejarse. Luego: tú le has escrito, dices. Afirmo que él no recibió nada. ¿Es culpable? Así que muérdete los labios y jura (nada muy temerario). Todo se explica: la aduana habrá considerado apropiado parar su correspondencia. ¿Quién sabe si algún día no lo harán con la nuestra? En este caso, más miramientos, escribiremos por las vías externas... tanto pero si nos pueden interceptar...

«He aquí que hemos hablado bastante de mí. Hablemos de ti, ahora. ¿Qué haces, querido Gonon?... ¿Quieres a alguien bello?... ¿quién es, pues? ¡Eh, dime! ¿Es bonita? ¿Tiene espíritu? ¿Canta como una sirena? ¿Tiene bellos ojos negros, bellos cabellos negros que enmarcan con gracia interesante la palidez de una cara muy melancólica? ¡Oh, dime!...

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«15 de febrero, lunes.

«Es hoy es el lunes antes del carnaval. Sabes bien que aquí este día no es nada extraordinario. Tendremos una pieza, y no tengo en ella ningún interés. Pero tú, como vas a divertirte, tienes todo lo que quieres. ¡Si estuviera contigo, mi querido Gonon, qué escapadas haríamos! ¡Demonios! ¡Cuando pienso en eso...! Verás sin duda a Amédée, a Pamphile, etc.; van a hacer tantas cosas, montón de locos. A propósito de Pamphile, me había prometido mucho escribirme y no lo hizo; sin embargo, estaba tan bien con él (por lo menos eso creía yo) ¡Si supieras qué pena siento de perder a mis amigos!.... ¡Este pobre Pamphile, decimos que es lanzado hasta el cuello! Tú me entiendes. ¡Me da pena para él! Un poco, está bien; ¿pero demasiado?... ¡No! Te ruego, cuando lo veas, acuérdate de recordárselo. ¡No olvido a mis amigos tan rápidamente!

«¡Vas pues a divertirte como un loco estos días! Primero el teatro: me vuelve loco el teatro... Y luego las máscaras y los bailes de máscaras. ¡El bello traje de carnaval negro que va a cautivar el corazón de mi pobre Gonon! Verás su talla esbelta y libre; la talla de una sílfide que querrás tomar en tus brazos; y luego ese ojo negro que brilla con un fuego tan maligno, y luego ese pie amable... ¡Oh! ¡mi Dios! no dormirás en quince días... ¡pobre corazón! Es una cosa terrible el amor.

«Te había dicho que redoblaría mi retórica. ¡Bah, bah! una vez en vacaciones, reflexionaré... Pero ahora temo decir demasiado: ¡Viva la libertad!

«Estaría bien el caso, ahora, de hacerte aquí alguna pieza de versos en el género que te gusta tanto; pero te aseguro que mi disposición es mínima. Por otra parte, para tener éxito en este género, hay que hacer hablar al corazón; ¿y cómo hacerlo? ¿Decirle a las paredes algo tierno?... Si sin embargo estuviera dispuesto uno de estos días, te prometo hacerte algunos.

«Mi carta se irá hasta el miércoles de ceniza, y cada día hasta entonces, le iré escribiendo más tonterías.

«Vamos a oír esta tarde una comedia ligera y una pieza alemana. No espero tener en ellas gran interés. Si estuvieras aquí, verías al señor Stanislas disfrazado de oficial superior y al pequeño Gelé vestido de mujer. Es una suerte rara la de él, no poder aparecer en el escenario sino metamorfoseado en muchacha.
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«16 de febrero, martes.

«Tuvimos ayer una pieza alemana y una comedia ligera. La primera nos molestó como de costumbre. Ahí estaba Gelé, como jovencita lugareña, pero jugó su papel tristemente; su amable hermano era oficial superior, pero era algo ridículo verlo actuar con su flema acostumbrada. Luego, la comedia ligera, que fue encantadora. Tête-de-Veau tenía un papel que actuó perfectamente. Duhais, como de costumbre; Benaisse, perfecto; Gelé, a quien su ejemplo lo tiene sin duda electrizado, actuó pasablemente por primera vez de su vida.

«En definitiva, esta comedia ligera, le encontramos tan bien que todos, de unánime acuerdo, pedimos una segunda representación, y se va a presentar de nuevo hoy con la ópera.

«¡Oh, mi querido Gonon, espero que le des a esta carta una respuesta sólida, escuchas? Envíamela cuando encuentres un medio... ¡Pero cuidado! no queremos que nos la traguen. Estamos en la mesita, y preferiría la puerta a la mesita. Háblame muy poco del internado y mucho de lo que haces tú. Te diré mañana por la mañana qué pasó de interesante esta tarde, y mañana por la noche esta carta estará de camino a Saint-Etienne. Estoy muy cansado hoy, así que no esperes versos.

«Si supieras cómo me aburro, como nos aburrimos; bostezo cada día, hasta ahora que te escribo; tengo miedo de que mi alma se escape en un bostezo. Creo, verdaderamente, que el carnaval de Friburgo nunca había estado tan fastidioso en el internado: si no tuviéramos las piezas, nos moriríamos de aburrimiento. ¡Y tú, allá, como debes divertirte!... Debes estar como loco. ¡Oh, si estuviera contigo... Te envidio.

«Son las nueve y cuarto, me aburro a morir; en un cuarto de hora más iremos a recreo; por lo menos allí podré hablar. No sé si mi carta te molesta; si es así, qué fastidio, pero es necesario que me leas hasta el final de la página, y para distraerme voy a escribir muy bien.

«Te prometí versos, poesías, espero para hacer esto las vacaciones; ya tengo cualquier pacotilla; tenía tres mil e hice más este año en tres meses. Me aburro de escribir, voy a dibujar... Es la una y media, estoy en el estudio, me aburro a morir; hace un calor del infierno, ¿que hacer? Estoy enfermo. ¿Qué tal si trato de hacer algunas rimas para agradarte? ¿Que dices de esto? Pero cómo hacerlo con este dolor de cabeza?
Mi inspiración demolida
exhala sin medida.
«¡Adiós!, ¡todavía te escribiré mañana por la mañana sobre lo que haya pasado esta tarde, y podrás decir que te hice la crónica de mis tres días de carnaval!... Esta carta es demasiado larga, y pensándolo bien, debería sentirme mal por ti. Pero este estilo vuelve tan poco a menudo que, creo, no encontrarás malo que lo adopte para el pasado, el presente y el futuro. Quién sabe si te escribiré otra carta como esta de aquí a finales del año. Tú, cuando me escribas de esta manera, tienes tiempo y nada que temer. Escríbeme veinte páginas, un cuaderno... ¡Adiós! suena la campana, voy a la ópera; hasta mañana.

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«17 de febrero, miércoles.

«Hoy es miércoles de ceniza. ¡Qué día después del martes de carnaval! ¡Cuánto duelo después de tanta fiesta! Esto es verdaderamente triste; pasar así de un extremo al otro sin la menor transición. Hay algo de raro en que, a pesar de lo que acabo de decirte, no deje de gustarme: me gusta reír con buenos amigos, hacer escándalo, pero también me gustan las grandes emociones siniestras.

«Ayer pues, se presentó de nuevo la comedia ligera; ¡igualmente encantadora! Luego vino la ópera. No me gustó, no tuve un solo instante de placer durante la representación.... ¡Es que mi carácter cambió tan considerablemente!... ¡Oh! ¡si me vieras!... Sería demasiado largo contarte las mil y una causas que hicieron mi carácter lo que es hoy. Apenas ayer hablaba con alguien que me dijo lo que pensaba: estoy, dice él, irreconocible. Tomé una redondez y una seguridad que no tenía el año pasado. Parece que la poesía contribuyó considerablemente a darme un aire raro y original del que me acusaba ayer el reverendo padre prefecto. Pero al final cambié solo para bien...

«El fin de la hora de estudio vino para interrumpirme. ¡Estuvimos en misa y allí recibimos la cruz de ceniza sobre la frente! ¡Es el sello de la muerte! Cuando Pittenon pase por Friburgo, le daré probablemente muchas cosas para ti. He aquí pues que se acabó el carnaval; ¡los días de fiesta pasaron como el torrente, el hijo de la tormenta!

«Estoy triste, sombrío, es en mí natural... Siento un peso terrible sobre el corazón, y este corazón nada puede emocionarlo... Solo una idea de futuro y de gloria... ¡La gloria! ¡Oh!, ¡es una cosa tan bella la gloria! Si supieras qué pensamiento, qué esperanza de futuro se prepara en silencio en el fuego de mi alma... No quiero hacerte confidencias, me tratarías de visionario. ¿Qué te diré? Me aburro, estoy sombrío. La vida que llevo aquí es monótona a morir... Esta regularidad, esta vida apática, no pueden convenir a mi sangre de fuego. Me hace falta otra cosa... Pero no veo lo que te escribo... Mi pensamiento, mi cabeza, mi corazón todo es un caos. ¡Adiós!
«Tu amigo
«GASTON.»
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«Friburgo, l de marzo de 1836.
Al mismo.

«Hace casi dos meses que no recibo de ti ninguna noticia. Ciertamente no es por pereza que no me escribes; te conozco bastante, hubo sin duda impedimientos graves.

«Te había escrito hace unos días, pero el reverendo padre Restau no quiso dejar ir mi carta. Él tuvo razón, porque leyéndola con la cabeza descansada, vi que había demasiada ligereza y que mi imaginación estaba en batalla campal de cabo a rabo.

«Lo repito, tuvo razón en impedir su envío; espero sin embargo que esta tenga mejor suerte. A medida que el invierno huye con sus largos estudios vespertinos, mi ardor para el trabajo comienza a apagarse y preveo que no avanzaré mucho este verano. Sería una nueva razón que me incitaría a redoblar mis cursos de Retórica.

«Parece que el nuevo poema del señor De Lamartine acaba de aparecer bajo el título de Jocelyn o El cura de campo. Se dice que es muy bueno, yo no sé; pero todo el mundo cree en un poema épico, yo creo que que hay que suprimir "épico" para poner simplemente "poema". ¡Dios quiera que no sea un poema hético!

¡«Oh! mi querido amigo, estoy totalmente decepcionado de mis viejos errores en cuanto a la literatura. No me hables de nuestros pobres autores modernos. ¡El romanticismo, qué triste literatura!... Cuando tomo Athalie al lado de nuestras rimas modernas, cuando hago la comparación; cuando pongo a Fénelon al lado de Chateaubriand, porque no hablo ni de Bossuet ni de Massillon, Bourdaloue, Mascaron ni todos los demás. Cuando los comparo, si es posible establecer una comparación... saca tú las conclusiones. Pero creo que, muy afortunadamente, tú no eres romántico.

«Es el tiempo del deshielo; no hay nada más fastidioso que nuestros recreos; apenas uno pone un pie en el patio está inundado. Cayó mucha nieve, así que cuando se derrite se forma un lodo espantoso. 
«Espero con impaciencia la vuelta del verano; nos divertiremos, lo espero, y nuestra clase de Retórica se hará interesante, aunque ya lo es: haremos una revisión de los modernos.

«Si ves a Pamphile, dale muchos saludos de mi parte. Había prometido escribirme y he aquí que hace ya casi un año que espero a que cumpla su promesa. Si él me escribe, puede tener por seguro que me va a alegrar mucho.

«Hoy es jueves, no sé si iré de paseo; hace un clima de deshielo detestable.

«Te abrazo de todo corazón,

«Tu amigo para siempre. 
«G. DE RAOUSSET. »

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“Friburgo, 21 de marzo de 1636.
«Al mismo.

«Contra mi costumbre dejé pasar unos días sin responderte. Perdóname; sabes que un alumno de Retórica debe manejar su tiempo y este nunca sobra.

«Leí en una carta de Pamphile a Camont que habías encontrado al buen Pamphile en Lyon. Si se te presenta una nueva ocasión de verlo, te ruego, no olvides de recordarle de aquel que antaño se honró con el título de su amigo.

«Creo que él me olvidó; ¿pero importa? ¡En mi corazón la memoria de su amistad nunca se perderá. ¡Pobre Pamphile!,  no creerías cuánto me compadezco de su suerte. Él tenía ciertamente una buena disposición a la virtud; pero su imaginación del Sur; la sangre de fuego que incendió el sol de la Provenza. ¡El cielo lo puso en una casa dónde nada le faltaba para hacerse un santo... lo pudo ser... ¡y en un instante se perdió! 
«Y helo allí, en el mundo, solo y sin guía, a merced de sus pasiones delirantes... ¡Pobre Pamphile! ¡Qué reflexiones tristes me inspira en el momento en el que te escribo... Cuántas acciones de gracias debo a la Providencia que me dio en este internado el asilo de la virtud!... ¡Oh, mi querido amigo! unos días apenas fluyeron... acabas de salir... ya no tendrás la instrucción de nuestros Padres... pero podrás recordarlas; la impresión no puede ser borrada, En cuanto a mí…
Navego feliz, al amparo del mar
y veo mi esquife en la orilla flotar.
             Pero un día llegará...
Me echará el destino al Océano del mundo,
y tendré que retar maremotos profundos,
             y al futuro remar.
 
¿Quién me asegura que la ola espumosa
no vendrá entonces a mi mano callosa
             a mi remo quebrar?
¿No seré, más bien, como la hoja inerte,
que siente que un soplo otoñal es tan fuerte
             que un fiero huracán?
 
¡Que hacer!... ¡Desdichado!.. ¡Santa Providencia!
Tu sola bondad sostendrá mi creencia;
             a ti recurriré....
Podrá desgarrar la tempestad mi vela;
mis ojos podrán distinguir una estela
             que nos muestre la fe.
 
Del dragón infernal huyo la porfía,
apretado a la cruz, invoco a María.
             ¡Celeste la verdad!....
Tu mano desviará los escollos y el mal,
Ella debe guiarme hacia playa inmortal
             ¡De tu eternidad!...


«Sí, mi querido Gonon, he aquí los sentimientos que me animan; ¡estos puedan durar para siempre! Perdóname por decírtelo confiando mis pensamientos a la cadencia de la rima. Aquel quien sopesa cada instante de mi vida no me puede reprochar la pérdida del cuarto de hora que me costaron estos versos, el cual, por otra parte, fue empleado para loarlo y bendecirlo.

«Una tan larga y tan severa lección moral podría muy bien no parecerte tan atractiva... Así que cambiemos de texto…
Oh, Lira, a veces novicia
yo quiero pedirte de nuevo
acordes de nombre longevo;
para esta muy feliz noticia
que anuncio a mi Gonon querido.
Sabes que en un valle florido,
entre esos campos con sus frondas,
donde el hielo cuela sus ondas,
iremos los días del calor,
a en las aguas limpias de un baño
sacar la salud y el vigor...
«¡Pero, Dios mío! me doy cuenta de que el fin de la hora de estudio va a sonar. El amargo tintineo de la campana detiene la armonía de la lira... Total, estamos haciendo en Belfaut un estanque magnífico... 250 pies de longitud, 150 de ancho. Todo el internado está encantado. He aquí muchos versos, perdóname si te molestan.

«Muchos saludos por parte de Mauvesin. 
«¡Adiós!
« GASTON DE RAOUSSET-B. »
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«Friburgo, 20 de abril de 1836.
Al mismo.

«Dime ¿de dónde viene el viento que sopla para hacer girar tan rápidamente la veleta de tu afecto?... La frase es un poco dura; pero sabes que hablo sin rodeos, y no retraigo un solo discurso. Sí, dije y repito: la veleta de tu afecto. Hace casi un mes que me debes una respuesta, y todavía la espero... Creo sin embargo que esta llegará finalmente porque no me creo que voy a quedarme como el individuo que, queriendo pasar un río, se sentó en la orilla a esperar a que acabara de fluir.

«Dije: la veleta. Compara mi conducta con la tuya; ¿alguna vez hice esperar una sola respuesta? Yo te escribo dos o tres cartas por cada una tuya; y si se pone de tu lado todo el tiempo del día, y del mío unos minutos, podemos triplicar mi mérito y llevar el número de las cartas que te escribo a diez por cada una. Todavía podemos triplicar mi mérito, visto que tú no mereces que yo te escriba, y esto hará treinta cartas por cada una... Esto es verdad, sin embargo. ¡Sí, dije una veleta!, y en efecto, no te esforzarías tanto si sintieras hacia mí una verdadera y sólida amistad! Trágate esta píldora, y que te cure.

«A propósito de amistad, me gustaría que pudieras escuchar las conferencias que nos hace sobre el tema el buen padre Barelle. Me gustan mucho; hay bien unas pocas cosas que sacuden mi manera de ver las cosas, pero me he propuesto a pedirle que me las aclare mañana. Tu sabes que a estas alturas los consejos no son inútiles para mí... Pero no vayas a creer que son los tuyos los que pido.

«Recibí, hace un tiempo, una carta de Palamède: él imploró mi misericordia; el traidor todavía no me había escrito. Sabes que soy tan bueno; lo perdoné, y nos escribimos regularmente. ¡Es un muy bueno chico este Palamède!

«Me anunciaste, hace unos tres meses, que Pittenon debía pasar por Friburgo hacia el tiempo de Pascua. Todavía no lo vemos. Es todavía un muy bueno chico este Pittenon. Me dijiste también que él debía ir a Saint-Etienne; te ruego decirme si deseas que te envíe cualquier cosa. Te lo enviaré con un placer del cual no puedo darte otra medida sino la de mi amistad.

«Corre el rumor de que vamos mañana a Belfaut. Qué bueno si es verdad; por otro lado, tengo miedo de ir a Belfaut; allá siempre estoy triste; debes saber por qué.

«Es el 5 de mayo y hoy se debe bendecir el estanque. Se nos anunció este día como muy solemne. Preparamos piezas que, se dice, deben ser representadas sobre el mismo lago (así como lo llamamos, "el lago"). Nos llegó ayer un polaco del cual no te digo el nombre, porque es tan barroco como ningún otro nombre polaco o ruso... Oí decir que Ronchard iba a publicar sus poemas; ¡que le haga mucho bien!... Mi querido amigo, te aseguro que la poesía es un faro famoso...

«Adiós,
«GASTON.»

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«Friburgo, 26 de abril de 1836.
«Al mismo.

«Mi querido Gonon, es muy dulce tener un amigo quien te quiera y que comprenda tus sentimientos. ¿Este amigo no lo eres tú para mí acaso? ¡Bien! Entonces quiero confiarte todo lo que pasa en mi alma. ¡Dios mío! ¡Qué abismo es el corazón del hombre! Ahora que me vuelvo razonable y que comienzo a escudriñar a sangre fría, y gracias a las conferencias del padre Barelle, lo qué hay allí dentro... ¡Qué desgracia!...

«Vengo de ojear uno de mis cuadernos, y encontré allí un carta que le envié a un alumno el 16 de diciembre de 1835... Se trata de la gloria... Voy a citarte unos fragmentos, no como poesía, porque no hice más que poner cadencia a la expresión de mis sentimientos sin ocuparme de producir bellos versos... Tengo miedo al releerlos... ¿Qué significa todo esto?... ¿Qué es la gloria?... Escucha y ten piedad de mí...

De esta pieza larga, que no está entre sus mejores, citaremos solo unos versos:

¡La gloria!... ¡Oh! ¡este nombre ciego adorador!...
Un día mi sacrificio, un día el noble ardor
cuyo fuego hambriento consumió mi alma,
un día vendrá, ya lo dije, desde el cielo...
El tiempo y mi valor cumplirán mi anhelo.
[...]
No me pidas apoyo, no me me pidas paz
Debo protegerme en la carrera esquiva
a la que me lanzo... ¿Qué es esa luz viva
que me abre los ojos?, ¿la luz del combate?
Oh, Gloria, ¿es tu precio que un día me mate?
¿Será mi canción encanto y armonía?
Lo ignoro... uno o lo otro[...]
[...]
Es un presentimiento ininteligible;
Así lo creo: me basta que sea posible:
Entonces al tiempo y al futuro encargo
de la Gloria la tarea de descifrarlo.
Con nuestra mirada en las sendas distantes
Medimos lo largo... más muertos que antes.
Dijiste conmigo.... El momento es seguro,
¡La Gloria a nosotros! ¡camino al futuro!...

«He aquí mi querido Gonon, los pensamientos que yo tenía el 16 de diciembre del año pasado. ¡Ahora, si supieras cómo la gloria me parecía tan poca cosa!... Esta gloria que soñé tanto, que algunas veces todavía me sorprendo soñándola... ¡La gloria!... ¡Oh, es una gran palabra, un fantasma muy brillante y muy engañoso! Es como los frutos del Mar Muerto: ¡si abres sus bellas cáscaras encontrarás solo cenizas infectas!

«Y no es solamente hacia la gloria que siento asco... Sabes que conozco bien, por mi pobre experiencia, los que son llamados los placeres del mundo. Estoy hastiado de ellos; el mundo me desagrada... El mundo es una gran comedia donde cada uno se esfuerza por ser más ridículo que los otros. Hay gente que ve un drama en la conducta de los pobres humanos; yo veo solo una simple comedia: tienen a bien degollarse y masacrarse, aun cuando no hay en toda Europa un pedazo de tierra que no esté rojo de toda la sangre derramada en estos últimos cuarenta años. Solo veo en ello una bufonada, una farsa que me repugna, que me da asco, y de la cual desvío los ojos.

«No encuentro nada más conmovedor que el infortunio de los perritos de Perrin Dandin en Les plaideurs. No veo nada más que un teatro, y nada tan ridículo que lo que se llama el buen tono y el espíritu, las costumbres del mundo.

«Te dije, hace dos meses, que tenía ganas de entrar en la congregación: estoy persuadido de que habría aprovechado mucho allí y habría progresado en la senda de la virtud, por la cual, desgraciadamente, camino con mucha dificultad. Estuve a punto de solicitar mi admisión: pero la conducta que veo en estos señores, y unas costumbres que me desagradaron singularmente me hicieron volver mi camino... No me explico más, pero espero poder, sin ayuda de la congregación, pero con la ayuda del Dios, encontrar mi humilde camino.

«Adiós, mi buen y caro amigo, el fin de la hora de estudio acaba de sonar. No puedo decirte más, y después de esto, te abrazo de todo corazón; soy para siempre tu amigo.

«G. DE RAOUSSET.»


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«Aviñón, 8 de septiembre de 1836.
«Al mismo.

«Espero cada día noticias tuyas y cada día mi espera termina en decepción. Reconocerás que soy muy bueno al escribirte carta tras carta sin recibir de ti una sola palabra; pero hagamos tregua de reproches: apenas estoy de humor para molestar a mi querido Gonon.

«Me divierto y me aburro en vacaciones: qué quieres, así es la vida. Los reyes bajo la púrpura, y el pastor bajo paja indigente que le presta asilo, todos en este mundo debemos probar las vicisitudes ridículas que atraviesan nuestra existencia cotidiana.

«Es verdaderamente una cosa inexplicable el corazón del hombre; un día querer una cosa y al día siguiente rechazar con desdén el objeto del deseo; perseguir, sin alcanzarlo nunca, este fantasma indefinible como un sueño que se llama felicidad. He aquí lo que es que la vida... ¡Oh! sin miedo de la fulminante la eternidad que nos amenaza, cómo, hace mucho tiempo, mi desesperación habría roto el pacto despótico que me ata a la vida como a un cadáver...

«¡Pero, bah!, tengo la culpa de ensombrecer mis pensamientos y los tuyos; echemos juntos nuestras miradas sobre imágenes más alegres. ¡Si supieras como estaría feliz de verte! ¡Oh! Si tuvieras tantas ganas como yo, vendrías para encontrarme en Lyon cuando me vaya a Friburgo al fin de las vacaciones. Si hay oportunidad, escríbeme, y, por mi parte, te señalo el día feliz que nos reunirá. Le escribí a Mauvesin; él recibirá mi carta en Munich, pero daría todo en el mundo para que no la recibiera: ¡es tan tonta, tan tonta!

«Dibujo de vez en cuando: hago mis paseos en las afueras de Aviñón, donde estamos instalados desde nuestra llegada a causa de la mala salud de mamá. Nos iremos 15 de este mes a Montfaucon, y espero que después de este viaje podamos ir definitivamente a descansar en Bourbon bajo el altar de nuestros penates
«Adiós.
«GASTON DE R.»

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«Bourbon, 8 octobre 1836.

«Al mismo.

«Tu carta que me agradó en cuanto la recibí, pero, ¡Dios mío!, merecerías que te hiciera una buena peluca. ¿Serás obstruido siempre por una pereza incorregible? Hay en tu conducta un descuido imperdonable, porque nunca hay muchos asuntos... Nunca, y tú, sobre todo, joven ocioso, imberbe, andariego, ¿quién te crees para dejarme sin una carta durante dos meses?  ¿Quién? horresco referens, tu mejor amigo. Reconoce que es imperdonable y que tengo razón en regañarte y darte los nombres más odiosos que puede inventar mi cólera y ennegrecería este papel, si te quisiera un poco menos. Quiero parar mi diatriba, pero a condición de que reflexiones cinco minutos antes de leer lo que sigue. Reflexiona que en tu silencio están todas tus culpas, ¿me oyes? Todas.

«Ahora cambiemos de asunto; abandono la grosería del reproche para conversar con el corazón en la mano con un amigo a quien quiero y que me quiere. ¡Pueda mi estilo más fluente darte una idea débil de los sentimientos que me agitan, y una imagen fiel de la llama dulce que devora mi imaginación de dieciocho años![...]

«Una aventura... ¡Diablo! no pienso en eso, mi aventura no es otra cosa que simples castillos en España, Sin embargo, he aquí: estaba ayer en un espectáculo y mis ojos cayeron en un camerino frente al mío, sobre la carita más encantadora que jamás haya sido labrada en el regazo de la madre naturaleza. Eran ojos tan dulces, tan vivos, parecían tan tiernos, tan amorosos, que una de sus miradas debía bastar para operar en la mejor cabeza una conmoción mental (ya que a toda fuerza se quiere aspirar a que el amor sea una locura). Pero era sobre todo una delicadeza de rasgos, una cara tan femenina, formas tan elegantes, tan endebles, tan flexibles, tan medulosas, tan perfectas, una postura tan voluptuosa, que la cabeza me dio vueltas. Olvidé que estaba en el espectáculo; la vi solo a ella[...]

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Reencontramos, unos años más tarde, en 1844, al señor G. de Raousset instalado en una casa de campo cerca de París; aunque sus días estaban ya muy atareados, él iba de pesca y de cacería; soñaba, escribía y diseñaba proyectos durante el veraneo; él le escribe a su amigo:



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«Mi muy querido...

«Me puse a educar un halcón; pero haría falta para guiarme en esta empresa difícil un tratado de cetrería. Este debe encontrarse en París sobre los muelles o con los grandes bouquinistes. Este libro debería tratar especialmente de la manera de criar los halcones para la caza; me hrás un gran favor si me consigues este libro lo más pronto posible, porque tengo un halcón de tres semanas que continúa creciendo en tamaño, en fuerza y en ferocidad. No te asombres del precio que te pedirán, estas obras son caras.

¡«Adiós, querido amigo! Trata de venir para vernos, no para atender nuevos asuntos, sino para que yo te agradezca por tu amistad tan buena, tan excelente y tan perfecta. 
«G. DE R. »

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«Al mismo.

«Diviérteme, Dancey, salvaje Dancey. ¡Cómo querría poder darle a cada uno una de mis manos!

«Y sea dicho en todo lo alto; mis manos valen tanto como muchas otras: no son ni blancas, ni bien torneadas; no tengo hoyuelos sobre las falanges de mis dedos, a menudo tengo las uñas sucias, y sin embargo le ofrezco a cada uno un buen puñado de estas manos feas.
«Adiós.

«R.-B. »

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1 de diciembre de 1844.
«Querido amigo.

«Me aburría en París y gastaba allí mi dinero. El último lunes me eché en el convoy de mediodía y por la tarde cenaba aquí,

«Aquí me quedo[...]

«No pierdo de vista África. Recoge toda la información que nos pueda ser útil. Ocúpate en encontrar un tercero que, si se puede, valga más que nosotros, y tan pronto como la temporada sea propicia, créeme, le pediremos a esta tierra de África regada nuestros sudores, y si hace falta, de nuestra sangre, este oro sin el cual la vida es un presidio donde la miseria sirve de grillete.

«Coraje y audacia; tal vez nos jugamos la vida, pero ¿qué valor puede tener nuestra piel mientras no hayamos encontrado el medio de forrarnos con billetes? Por lo demás, te veré en París y hablaremos de nuestros proyectos»[...]

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«21 de diciembre de 1844
[...] 
«De tu lado, ya debes haber hecho los pasos necesarios para disponer de una suma igual, los industriales a quienes consulté aquí y en otra parte son del parecer que se puede llegar a buenos resultados. En cuanto a mí, miro como cierto que si no llegamos a una brillante fortuna, debemos por lo menos alcanzar la aurea mediocritas que conlleva al bienestar y a menudo a la felicidad.

«Una buena granja en África, el cultivo de los campos, rebaños que nos pertenecen a nosotros, bosques, prados, vides, olivos, el gusano de seda, todo un pueblo humilde que se agita sobre el suelo del que se es rey... estos mil detalles que hacen tan activa la vida del agricultor, esta regularidad sin sacudidas que la hace tan tranquila; la vida de los campos, en una palabra, eclipsa la calle Saint-Jacques, y te considero bien hecho para ella.

«¡Pobre muchacho! ¿Estás hecho, pues, para vivir en el estudio oscuro de un notario?...

«Aleja de ti los temores del futuro. Después de esta solidaridad, que no puede sino durar muchos años, cualquiera que sea el futuro reservado para nuestra empresa, confía en que estamos hechos para darnos siempre la mano. Tendré siempre algo de la fortuna de mi padre para ayudarte en el futuro, en caso de que algo malo pase.

«Valor, pues; pasaré el mes de febrero en África, y tal vez en abril los dos estaremos allí.»

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Toda la correspondencia del señor De Raousset se convierte en una incesante repetición de sus proyectos de colonización; habla de los obstáculos que encuentra, de los capitales que le hacen falta, de la belleza de su dominio de Ben-Bernou, etcétera.

Veamos lo que escribe el 15 de mayo de 1848, en Aviñón:

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«Querido amigo,

«Llegué finalmente de África, en donde te felicito por no haber puesto nunca los pies. ¿Qué te diré? por poco que los acontecimientos vengan a embrollarse, África está perdida para nosotros. ¡Qué fortuna se derrumbó de un solo golpe! ¿Cómo estás? etcétera...»

«22 octobre 1848.


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«Mis negocios van mal. La revolución me lleva entre las patas. Si no puedo hacerle frente a la tempestad de las próximas elecciones, me iré de Francia a... Dios sábe a dónde. El mundo es grande.»

Cuando dio por terminada la publicación del periódico La Liberté, habiendo sido derrotado en las elecciones, habiendo agotado sus últimos recursos, y habiendo tomado la decisión de irse a América, escribió la siguiente carta:


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«Querido amigo,

«Te pido hacerme un favor inestimable: ya lo verás. Pero primero unas explicaciones son necesarias.

«Sabes en qué confusión espantosa la revolución de febrero dejó mis asuntos en África. Me quedan solo mi cabeza y mi valor.

«Tomo mi parte de esta nueva ruina y voy a poner manos a la obra para rehacer mi fortuna.

«Hay un lugar entre todos los lugares del mundo donde este resultado puede lograrse más fácilmente; estoy hablando de California. No me digas que no; sería inútil, tengo datos demasiado positivos para que me sea posible dudar de esto.

«Me iré pues, y antes de un mes, probablemente. No creas que voy allá para picotear las minas. En todos los lugares nuevos, donde la población cada día aumenta, falta todo; el comercio, de cualquier género, es una fuente infalible de ganancia. Se trata de una muchedumbre de comercios elementales que no exigen ningún estudio preliminar. Tendría muchas cosas que hacer si tuviera dinero para llevar allá algunas mercancías, pero no tengo dinero.

«Si no te pido, es porque tal vez no lo tienes; porque si lo tuvieras, te consideraría capaz de ofrecérmelo; pero no resintamos lo que nos falta, tomemos ventaja de lo que sí tenemos. El favor que te quiero pedir es este: 
«Una de las cosas más necesarias en un lugar como California son las armas. ¡Si yo tuviera dinero, las compraría y me las llevaría, pero no tengo dinero! He aquí cómo puedes ayudarme…»
Aquí, el señor De Raousset le explica a su amigo cómo debe hacer para obtener de un fabricante de armas de Saint-Etienne una cierta cantidad de diversas armas, las que vendería a precios ventajosos desde su llegada a California, prometiendo expedir el precio por correo; él pide la intervención de su amigo con el fabricante de Saint-Etienne, y añade:

«Pon tu mano sobre tu corazón, mi viejo amigo, y me harás este favor.

«Para mí, es tanto como la vida misma. Con esto llegaré a California con la frente en alto.

“Me harían falta fusiles comunes, pero sólidos, de dos tiros, unas carabinas cónico-cilíndricas del mismo tipo, con bayonetas, muy bien engrasadas, embaladas en Saint-Etienne y listas para pasar el mar.

“Adiós y apresurémosnos; si me retraso no tendré dinero para irme.
«GASTON.
«Château de Serres par Varzy, 13 de marzo de 1850. »


¡Qué angustias! ¡Qué fracasos! ¡y cómo sufrió seguramente haciendo los preparativos de esta salida para un exilio del que no debía volver jamás, como él lo presentía en secreto! Lo vi desembarcar en San Francisco; él tenía solo su carabina... (Esto lo digo sin incriminar en lo más mínimo los sentimientos del excelente amigo al cual se dirigía en la carta: uno no es amo de las circunstancias.)